Enero llegó con la primera nevada en quince años en Vancouver.
No fue mucha. Dos centímetros que desaparecieron en cuarenta y ocho horas cuando la temperatura volvió a los cuatro grados que eran la norma. Pero durante esas cuarenta y ocho horas el East Side de Vancouver tuvo esa calidad específica de los lugares que no están preparados para la nieve y que la reciben con la mezcla de sorpresa y hospitalidad torpe de los anfitriones que se alegran de la visita aunque no tengan el espacio correcto