Las manos

La cita de las dieciocho semanas fue un jueves a las diez de la mañana.

Adriano llegó con ocho minutos de adelanto esta vez. Renata llegó con diez. Ninguno de los dos lo comentó porque ninguno de los dos necesitaba ganar ese punto.

La sala de espera tenía la misma planta artificial y las mismas sillas de plástico azul. Renata eligió la silla de siempre. Adriano se sentó a su lado con el abrigo doblado sobre las rodillas y el teléfono en el bolsillo, apagado.

—¿Cómo estuvo el sitio esta mañana?
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