El Granville Market un sábado por la tarde era exactamente lo que el nombre prometía y lo que nadie debería tener que navegar con diecisiete semanas de embarazo y tres horas de trabajo de obra encima.
Renata llegó a la entrada norte a la una y dos. Adriano estaba en la entrada norte a la una en punto.
—Dos minutos —dijo él.
—El segundo edificio necesitaba una revisión de la tercera junta norte antes de salir.
—¿Todo bien?
—Todo correcto. Thomas lo registró.
Entraron.
El Granville Market olía a