La cuenta bancaria se desbloqueó el lunes a las nueve de la mañana.
Renata lo vio en la pantalla del teléfono mientras esperaba el café en la barra de la cafetería de la esquina. Doscientos setenta y tres dólares canadienses disponibles. Más el adelanto de Sara que había entrado el viernes. Más el anticipo del contrato Devereux que entraría el miércoles si el trámite administrativo no se retrasaba.
No era abundancia. Era oxígeno.
Le mandó un mensaje a Marcus de dos palabras: «Cuenta activa.»
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