Esa noche no durmió bien.
No fue la náusea. Por primera vez en días, la náusea había cedido lo suficiente para que el cuerpo encontrara algo parecido al descanso. Fue la otra cosa. El peso específico de una conversación que había terminado antes de que ninguna de las dos personas dijera lo importante de verdad. No el nada está en el contrato. No el me equivoqué. Lo otro. Lo que los dos sabían sin haber pronunciado.
Renata se levantó a las cuatro de la mañana.
Fue a la cocina. Preparó agua calie