El maestro decía que cada persona encontraba un sentimiento distinto al ver esa obra. Para Natalia, ese sentimiento era el de una espera en vano.
Su lámpara había brillado hasta el amanecer, noche tras noche, durante cinco años.
Porque Diego jamás llegaba a casa a tiempo.
Siempre ponía excusas: compromisos sociales, horas extra, juntas de último momento... y ella, con una ingenuidad casi tonta, lo esperaba hasta que él aparecía ante su vista.
Sin importar lo cansada que estuviera, Natalia nun