Natalia se quedó todavía más sorprendida.
La fama de Isaac en la Ciudad del Norte podía resumirse en una sola palabra: desastre. Era de esos a los que todos daban por perdidos.
¿Cómo era posible que Mateo y Sebastián ahora lo estuvieran llevando consigo a hacer negocios?
—Oye, Isaac —preguntó Natalia—, ¿sí cerraste ese trato?
—¡Claro que sí! —Isaac asintió, con el pecho inflado de orgullo—. Salió redondo. Nada mal la ganancia. Esta noche yo invito, ¿eh? Ni se les ocurra pelear la cuenta.
Natalia