Natalia estaba por arrancar el coche cuando, por el rabillo del ojo, vislumbró la figura de Diego en el espejo retrovisor.
Él estaba de pie en la escalinata de la entrada de la villa, con las manos entrelazadas a la espalda.
Lupe le decía algo a su lado y luego le entregó un objeto. Él lo tomó, lo sopesó un momento en la mano y caminó hacia ella.
—Toc, toc, toc.
Diego llamó a la ventanilla del coche. Natalia la bajó apenas un poco:
—¿Pasa algo?
—Las medicinas que te dio Lupe —dijo él—. Dice qu