Todo parecía normal.
Excepto por el desorden.
Además, la ropa que el señor Diego había llevado puesta durante el día estaba desparramada por el suelo, y la señora estaba en la cama, supuestamente sin ropa...
En fin, para buen entendedor, pocas palabras.
Lupe mostró una sonrisa de complicidad.
Natalia se encogió todavía más bajo las cobijas.
Solo cuando Lupe se marchó, se atrevió a destaparse.
Se estaba asando de calor.
Bajó de la cama, vio la leche y la tomó sin pensarlo para darle un trago.