Las dos ancianas habían servido en la misma unidad militar cuando eran jóvenes.
Su amistad, forjada en el campo de batalla, era inquebrantable; con el paso de los años, ese lazo no había hecho más que fortalecerse.
Ahora que se habían convertido en parientes —el nieto de una se había casado con la nieta de la otra—, la unión entre ambas familias era absoluta.
—Vaya, miren nada más, ya regresó nuestra gran pintora —bromeó Elena—. Se la pasa tan ocupada que ya ni se deja ver; tengo que venir a m