En la carretera.
Sebastián conducía sin prisa.
Camila iba en el asiento del copiloto, con un pánico y un desconcierto que se notaban a simple vista.
—¿Tan aterrador soy? ¿Por qué siempre que me ves pones esa cara? —dijo Sebastián mientras soltaba una mano del volante para ponerla sobre el dorso de la mano de Camila, acariciándola suavemente—. No te pongas nerviosa, no te voy a hacer nada.
Camila lo apartó de inmediato.
—¡No me toques!
—¿Ya ni siquiera puedo tocarte?
—Soy la mujer de Diego, Sebas