Mejor olvídalo.
No ganaba nada dejándose llevar por un impulso y soltando una respuesta mordaz.
Ofenderlo no le traería ningún beneficio.
Tomó lo que quedaba del agua con azúcar, se la bebió de un trago y se puso de pie:
—Trato hecho. Primero libera a Isaac y deja que regrese a casa.
—De acuerdo. Pero, ¿qué pasa si no logras convencer a mi abuela?
Natalia sonrió.
—Al final, lo único que quieres es casarte con Camila, ¿no? Te aseguro que, en cuanto tengamos el acta de divorcio, haré que entre por