Natalia trajo un atomizador de desinfectante y empezó a rociar a Isaac con energía.
Isaac se cubrió la nariz y agitó las manos para apartar la nube de alcohol.
—¡Ya, ya, es suficiente! ¿Qué pretendes, desinfectarme hasta el alma? Me muero de hambre, ¿hay algo de comer?
—Si nuestros padres estuvieran aquí, primero te mandarían al patio a darte un baño de agua fría y luego te rociarían de pies a cabeza antes de dejarte entrar a la casa.
—Ni que acabara de salir de la cárcel —Isaac puso los ojos en