Fabián se iluminó; la emoción en su rostro era imposible de ocultar.
Camila, mucho más serena, mantuvo una expresión casi imperturbable, aunque preguntó con cierta vacilación:
—Pero… Natalia no aceptará esto, ¿verdad?
—¿Desde cuándo la policía necesita el permiso de Natalia para arrestar y encerrar a alguien?
Camila soltó un suspiro fingido.
—A decir verdad, siento que esto no tenía que llegar tan lejos, pero… en fin. —Tras esas palabras cargadas de hipocresía, miró fijamente a Natalia—. Que se