Él, por el contrario, lucía impecable y elegante, vistiendo camisa, pantalones de vestir y zapatos de piel.
Sin importar el momento o la situación, este hombre siempre se presentaba perfectamente pulcro, sin un solo rastro de desorden.
Era una nobleza natural.
Los Ferrer habían sido una familia de la alta sociedad por generaciones, y él, como el actual timonel de ese imperio, poseía un poder suficiente para mirar por encima del hombro a cualquiera.
—¿Qué está pasando? —Isaac ya estaba mucho más