Isaac la miraba con total incredulidad.
Intentó jalarla de vuelta, pero al ponerse de pie y dar apenas dos pasos, las esposas limitaron su avance.
—Natalia, ven acá ahora mismo —ordenó Isaac—. ¿Sabes lo que estás haciendo? ¿Cómo se te ocurre pedirle disculpas a este tipo?
—¿Y tú sabes lo que estás haciendo, Isaac? ¿Puedes dejar de empeorar las cosas?
—¿Que yo empeoro las cosas? Salí a dar la cara por ti, ¿ahora resulta que yo soy el que está mal?
Natalia le lanzó una pregunta mordaz:
—¿Entonces