Por fin la reunión con el abogado terminó, lograron redactar una buena demanda de divorcio, y aunque no pudieron avanzar demasiado hasta que tuvieran pruebas en contra de Ernesto, al menos estaban avanzando.
Margaret sentía que el movimiento del elevador apenas la arrullaba, estaba cansada. A su lado, su madre sostenía a la bebé con cuidado, balanceándola con movimientos lentos y expertos, mientras el silencio entre ambas se llenaba de pensamientos no dichos.
El teléfono de Margaret vibró dentro de su bolso, pero ella le restó importancia en ese momento, sin embargo, la vibración seguía insistente.
Margaret tensó la mandíbula y mantuvo la mirada fija en los números rojos que descendían en el panel del elevador, quien fuera que la estuviera llamando debía esperar, no contestaría delante de su madre.
La vibración cesó.
El elevador se detuvo con un leve tirón. Las puertas se abrieron al primer piso. Margaret dio un paso adelante, luego otro, hasta que el aire pareció volver a entrarle