Cuando Lucien regresó a la mansión, aún llevaba en la piel el peso de las lágrimas silenciosas de Margaret y la frialdad con la que le había dicho que ya no lo amaba. Entró sin quitarse siquiera el abrigo; hasta le resultaba difícil respirar.
—¿Dónde está Lorain? —preguntó apenas vio a Carlos, su asistente en el vestíbulo.
El hombre bajó la mirada.
—Señor… Ella dice que sufrió lesiones graves en caída de las escaleras. Está en el hospital haciéndose una revisión.
Lucien frunció el ceño completamente hastiado.
—¿Otra de sus mentiras? —espetó, sin disimular la irritación—. Tráela aquí. Ahora. Y llama al doctor; si realmente tiene algo, que la revise en casa. Lo que hizo con Margaret no va a quedar pendiente para otro día.
Carlos asintió y salió de inmediato.
Lucien se quedó de pie en el pasillo. No se sentó, no respiró con tranquilidad. Solo pensó en Margaret, en lo débil que estaba, en lo que había vivido por culpa de la mujer que ahora estaba a punto de enfrentarlo.
***
Lorain lleg