Al siguiente día
Cuando Lucien entró en la habitación privada del hospital, encontró a Margaret recostada, intentando beber una sopa tibia que Adrien le acercaba con una paciencia, como si se tratara de una niña pequeña. Isadora estaba sentada en la esquina del sofá, con el rostro tenso, observando cada movimiento de su amiga, no comprendía en que momento había llegado hasta allí.
La palidez de Margaret hizo que Isadora frunciera el ceño con frustración. Pero cuando vio a Lucien cruzar la puerta, su tristeza se transformó en enojo puro.
—¿Qué haces aquí otra vez? —reclamó de inmediato, poniéndose de pie.
Lucien cerró la puerta tras él con una calma que solo irritaba más.
—Soy el padre de la bebé —respondió con un tono controlado—. Es natural que quiera cuidar a mi esposa.
Isadora arqueó las cejas, incrédula.
—¿Esposa? Hace meses que están divorciados. Y aunque hayamos sido amigos antes, no pienses que voy a ayudarte a limpiar tu imagen delante de ella.
Lucien ladeó ligeramente la cabe