Un par de días más tarde, Lucien estaba en su despacho, sentado en su escritorio mientras sostenía una videoconferencia con sus hombres. La pantalla del portátil reflejaba rostros atentos, todos aquellos hombres que trabajan para él sin preguntar nada y con mucha lealtad.
—Gael —dijo con voz firme—, ¿ya está todo listo para el ataque?
Al otro lado, Gael asintió.
—Sí, jefe. En una semana todo estará programado. Rutas definidas, puntos de entrada asegurados y hombres posicionados. Solo faltan al