El esperado día de la emboscada contra Antonio finalmente había llegado.
La bodega estaba en silencio, algo incomodo porque todos sabían lo que iba a pasar a continuación. Margaret estaba de pie en el centro del despacho de Lucien, vestida de forma sencilla: un pantalón oscuro, botas cómodas, chaqueta ligera que ocultaba el chaleco antibalas que Lucien ajustaba con precisión sobre su torso. Su cabello estaba recogido en una coleta firme, despejándole el rostro. Sus manos, sin embargo, no podía