Margaret dejó escapar un jadeo y, justo en ese momento, el mesero se acercó con la orden. El hombre carraspeó con evidente incomodidad, avergonzado por haber interrumpido algo que no debía ver, y dejó los platos sobre la mesa con rapidez. El contacto se rompió de inmediato. Ambos se separaron como si la realidad hubiese caído de golpe sobre ellos.
Margaret, completamente sonrojada, se apartó de Lucien. Él, en cambio, sonrió con una satisfacción, aunque por un instante creyó que ella reaccionarí