Margaret llegó a casa cuando el cielo ya había comenzado a oscurecer. El cansancio se le acumulaba en los hombros y en la espalda, los últimos días había trabajado sin descanso. La construcción de la nueva sede había avanzado a buen ritmo, quería inaugurarla lo más pronto posible.
Cerró la puerta tras de sí con cuidado, procurando no hacer ruido. Apenas dejó el bolso sobre la mesa, escuchó una risa suave proveniente de la habitación contigua. Esa risa fue suficiente para que todo lo demás se de