El trayecto fue breve.
En pocos minutos llegaron al restaurante, un lugar elegante, discreto. La iluminación era cálida, envolvente, y enseguida se olvidaron por un momento de lo que estaban hablando.
Lucien habló con el mesero con naturalidad. Todo parecía ya previsto. Los condujeron a una mesa apartada, junto a un ventanal que reflejaba la ciudad nocturna como un espejo distante.
Durante unos instantes, la tensión se diluyó.
Margaret tomó asiento frente a él y se permitió ese pequeño respiro d