CAPÍTULO 123
El trayecto fue breve.

En pocos minutos llegaron al restaurante, un lugar elegante, discreto. La iluminación era cálida, envolvente, y enseguida se olvidaron por un momento de lo que estaban hablando.

Lucien habló con el mesero con naturalidad. Todo parecía ya previsto. Los condujeron a una mesa apartada, junto a un ventanal que reflejaba la ciudad nocturna como un espejo distante.

Durante unos instantes, la tensión se diluyó.

Margaret tomó asiento frente a él y se permitió ese pequeño respiro d
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