CAPÍTULO 122

Lucien no le dio opción.

Su mano dejó de buscar la de Margaret y pasó a rodearle el brazo con firmeza, no con violencia, pero sí con una decisión que no admitía réplicas. El gesto fue rápido, preciso, y antes de que ella pudiera reaccionar, ya la estaba apartando de Elize, marcando una distancia clara entre ambas.

—Vas a cenar conmigo —dijo en voz baja, pero con un tono que no era una petición.

Margaret giró el rostro hacia él de inmediato, furiosa.

—Suéltame, Lucien —exigió, intentando zafarse—. No he aceptado nada. No quiero ir contigo.

Tiró del brazo, tratando de liberarse, pero él no aflojó. Su agarre no era brusco, pero sí lo suficientemente firme como para dejarle claro que no pensaba soltarla así como así.

—No es el lugar ni el momento para esta escena —replicó él, inclinándose apenas hacia ella—. Y lo sabes, vas a cenar conmigo.

—No decidas por mí —respondió Margaret entre dientes—. No tienes ningún derecho, de eso precisamente es que estoy agotada.

Antes de que la tensión esc
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