Lucien no le dio opción.
Su mano dejó de buscar la de Margaret y pasó a rodearle el brazo con firmeza, no con violencia, pero sí con una decisión que no admitía réplicas. El gesto fue rápido, preciso, y antes de que ella pudiera reaccionar, ya la estaba apartando de Elize, marcando una distancia clara entre ambas.
—Vas a cenar conmigo —dijo en voz baja, pero con un tono que no era una petición.
Margaret giró el rostro hacia él de inmediato, furiosa.
—Suéltame, Lucien —exigió, intentando zafarse