CAPÍTULO 118

Margaret retrocedió dos pasos más.

—¡Idiota! —le dijo ella entre los dientes, estaba demasiado enojada para las estupideces de Lucien.

Se llevó ambas manos a la cabeza, presionándose las sienes como si necesitara contener algo que estaba a punto de desbordarse. El murmullo lejano del salón, las voces dispersas, el eco del descanso de la subasta… todo quedó en segundo plano.

Entonces alzó la mirada.

Y lo señaló con el dedo. Directamente al pecho, lo miró con furia.

—Escúchame bien, Lucien —dijo
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