Margaret no lo pensó demasiado.
Apenas la misteriosa mujer terminó de pronunciar su oferta, Margaret ya estaba tocando el hombro de Lucien, llamando su atención, él, apenas cruzado de brazos la miró de reojo.
—¿Quién es esa mujer que está subastando? —él preguntó algo irónico, y Margaret apenas apretó los puños.
—No tengo ni puta idea, pero claramente los planes de mi compañía están siendo infiltrados, y necesito ahora más que nunca que me ayudes.
Él se giró hacia Margaret justo cuando el subas