Margaret avanzó hacia los puestos reservados para su empresa con la espalda recta y el mentón en alto. No volvió a mirar atrás. Sabía que Lucien seguía allí, podía sentirlo como una presión invisible en la nuca, pero no le concedería ni un segundo más de poder sobre ella.
Elize caminaba a su lado, visiblemente emocionada, revisando la tableta, sonreía satisfecha por lo que estaban a punto de conseguir, es que ese terreno era de Margaret, y ella se podía adjudicar parte de gran trabajo que había