CAPÍTULO 116

Margaret avanzó hacia los puestos reservados para su empresa con la espalda recta y el mentón en alto. No volvió a mirar atrás. Sabía que Lucien seguía allí, podía sentirlo como una presión invisible en la nuca, pero no le concedería ni un segundo más de poder sobre ella.

Elize caminaba a su lado, visiblemente emocionada, revisando la tableta, sonreía satisfecha por lo que estaban a punto de conseguir, es que ese terreno era de Margaret, y ella se podía adjudicar parte de gran trabajo que había hecho.

—Ya lo anunciaron —susurró—. Es el tercer lote del bloque central.

Margaret asintió sin perder la compostura.

El salón de subastas era amplio, elegante, diseñado para impresionar. Grandes lámparas colgaban del techo, proyectando una luz cálida sobre las filas de asientos tapizados y la tarima elevada donde el subastador aguardaba con gesto solemne. En las pantallas laterales apareció la información del terreno.

Lote 47. Terreno urbano de alto valor estratégico. Diez mil metros cuadrados.
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