Los días pasaron sin que Margaret se permitiera pensar demasiado en ello. Se concentró en el trabajo, en cerrar pendientes, en afinar cifras y revisar proyecciones hasta el cansancio. Era más fácil así. Mantener la mente ocupada evitaba que ciertos recuerdos aparecieran de nuevo. Cuando finalmente llegó el día de la subasta, estaba preparada.
El gran salón central estaba repleto. Elize caminaba a su lado con la tableta en la mano, repasando por última vez los datos clave, el límite máximo, las