—Te voy a descubrir Antonio, voy a descubrir tus sucios planes, y cuando eso suceda, no voy a tener compasión por ti. Esta fue tu última oportunidad.
Antonio frunció el ceño, miró a Lucien de arriba abajo y chistó con desdén. No dijo nada más. Se giró hacia sus hombres y levantó la mano con un gesto seco, inequívoco, todos ya conocían sus ordenes. Uno a uno, los hombres armados comenzaron a retirarse, sin bajar la guardia, retrocediendo hacia las salidas del galpón como sombras entrenadas para