Lo que no se dice (2da. Parte)
Al día siguiente
En las afueras de Kazanlak
Dominic
Dolor, rabia, odio. Aun así, ninguna de esas palabras alcanzaba para describir lo que sentí al ver el nombre de Natasha en la libreta. Fue un golpe seco, directo al pecho, como si alguien me hubiera metí la mano en mi corazón para estrujarlo.
Alguien había dado la orden de ejecutarla. No fue Russell. Él solo era un sicario, un engranaje más. Para hombres como él, la muerte no era un misterio: se anotaba, se codificaba y se cumplía.
Ahí estaba