Lo que no se dice (1era. Parte)
El mismo día
Kazanlak
Arianna
Quise convencerme de que podía arrancarme esa espinita con solo insistir un poco más, pero no fue así. Volví a mirar la foto del joven en la biblioteca una y otra vez, como si al chasquear los dedos la memoria fuera a responderme. Nada. Solo ese escalofrío persistente, recorriéndome la nuca, avisándome que ahí había algo que no lograba nombrar.
Para distraerme —o quizás para insistir sin admitirlo— comencé a recorrer el lugar. Estanterías repletas de libros antiguos, lomos gastados, títulos en idiomas que apenas reconocía. Buscaba algo más. Una pista, una señal, cualquier cosa que hablara de la familia de Dominic. Fue inútil.
Entonces, la puerta se abrió con suavidad.
No la escuché entrar, pero sí su voz, firme, medida, como si cada palabra hubiera sido ensayada.
—Señora, ¿cuáles son sus órdenes para la cena? —preguntó—. ¿Desea que le prepare algún plato en especial?
Giré apenas el rostro hacia ella. Fedora estaba de pie, erguida, las manos juntas al fren