Lo que no se dice (1era. Parte)
El mismo día
Kazanlak
Arianna
Quise convencerme de que podía arrancarme esa espinita con solo insistir un poco más, pero no fue así. Volví a mirar la foto del joven en la biblioteca una y otra vez, como si al chasquear los dedos la memoria fuera a responderme. Nada. Solo ese escalofrío persistente, recorriéndome la nuca, avisándome que ahí había algo que no lograba nombrar.
Para distraerme —o quizás para insistir sin admitirlo— comencé a recorrer el lugar. Estanterías repletas de libros antiguo