Lo que estalla en silencio (2da. Parte)
La misma tarde
Kazanlak
Arianna
Quizás durante demasiado tiempo me había acostumbrado a valerme por mí misma, a resolver mis problemas sin ayuda, a no depender de nadie. Y estaba bien. No diré que fuera fácil, pero aprendí a golpes que debía salir sola adelante. Por eso me resultaba tan difícil aceptar la ayuda de Dominic. Tal vez era una mezcla de orgullo y desconfianza… también un poco de miedo a su cercanía.
Porque ese hombre, con todas sus facetas —cavernícola, controlador, dominante, celoso— se estaba colando en mi vida sin permiso, sin aviso, sin cuidado. Y eso me descolocaba. Me asustaba demasiado. Era como si buscara una sola grieta para colarse hasta lo más hondo.
Y yo… yo solo necesitaba una pista. Una. De que le importaba no Arianna, la dueña de Divinas, sino Arianna, la mujer, esa que mantenía dormida en un rincón para que nadie la volviera a lastimar.
Aun así, tener una charla sincera con él era casi imposible. Siempre decía algo que encendía mi rabia, que me hacía querer