[ZAED]
No lo decimos en voz alta, pero los dos sabemos que este momento llega demasiado pronto.
Las valijas abiertas sobre la cama no tienen el peso de una despedida definitiva, sino el de algo interrumpido. Como una frase que se queda a la mitad. Nuestra estadía en Milán fue breve, apenas unos días que se sintieron intensos, comprimidos, llenos de decisiones que normalmente tomarían años. No hay polvo acumulado, no hay rutina asentada. Aun así, mientras doblo una camisa y la coloco con cuidado, siento una incomodidad difícil de nombrar.
Alya está frente al armario, inmóvil. No busca ropa. Observa. Como si intentara memorizar una versión de sí misma que apareció aquí y que ahora teme perder.
—No pensé que nos iríamos tan rápido —dice al fin.
No hay reproche en su voz. Solo una constatación.
—Yo tampoco —respondo—. Pensé que tendríamos más tiempo para… no sé… probar quiénes éramos lejos de todo.
Ella sonríe apenas, pero no es una sonrisa alegre.
—Para construir algo que fuera solo nues