[ZAED]
Al día siguiente
El día amanece con una quietud que no se parece a la paz.
Milán despierta como siempre: cafés abriendo, persianas subiendo, pasos apresurados sobre la vereda. Todo continúa igual, y esa normalidad es lo que más duele. Como si la ciudad no se hubiera enterado de que, para nosotros, algo se cierra.
El taxi nos espera abajo. Las valijas ya están listas. No son muchas. Nunca lo fueron. Nuestra estadía aquí fue breve, intensa, casi clandestina. Aun así, cuando tomo el pasaporte y cierro la puerta del departamento, siento un nudo en el pecho que no esperaba.
Alya se queda unos segundos mirando el interior vacío. No dice nada. Yo tampoco. Hay despedidas que no necesitan palabras para existir.
En el ascensor, su mano busca la mía. La aprieta con suavidad. No es miedo. Es melancolía. Esa tristeza limpia que aparece cuando algo fue verdadero, aunque no haya durado.
—Pensé que lloraría más —dice en voz baja.
—Yo también.
—Pero creo que estoy… contenida. Como si no quisier