[ALYA]
El aire en la oficina está cargado, pesado, lleno de todas las palabras que no nos atrevimos a decir y los recuerdos que nos golpean sin piedad. Mientras Zaed se ajusta la chaqueta, su mirada no se despega de la mía, intensa, como si quisiera atravesarme el alma.
—Alya… —susurra, y mi corazón se estremece ante la urgencia en su voz—. Esta noche… no te vayas. No nos separemos. Olvidémonos de todo por unas horas. Como antes… como cuando éramos solo nosotros y el mundo no podía tocarnos.
Mi