[ALYA]
El silencio se extiende en la oficina mientras recogemos los candelabros caídos y tratamos de recomponernos. La bruma del deseo aún cuelga en el aire, mezclada con la culpa que ambos intentamos ignorar. Nos vestimos lentamente, cada movimiento cargado de tensión; cada mirada es un desafío y un recordatorio de lo prohibido.
—Alya… —Zaed finalmente rompe el silencio, su voz grave, cargada de arrepentimiento y urgencia—. Necesito decirte algo. Algo que no puedo seguir guardando.
Lo miro, el