[ZAED]
Despierto con una sensación extraña. No es miedo. No es dolor. Es ausencia. Mi mano se desliza por las sábanas y toca solo frío. Ese frío preciso, inconfundible, que te dice que alguien no ha estado allí en horas. Mi pecho lo sabe antes que mi mente:
Zaed no está.
Me incorporo bruscamente; la manta cae en mis piernas y el departamento —este refugio improvisado que hemos convertido en hogar— se siente diferente. Vacío. Demasiado silencioso. Un silencio que no es calma. Un silencio con bor