[ZAED]
No duermo. Ni siquiera cierro los ojos. Paso la madrugada escuchando a Alya respirar, sintiendo cómo su cuerpo se calma, cómo su pecho sube y baja con esa fragilidad que solo aparece cuando se duerme llorando. Acaricio suavemente su vientre cada tanto, como si ese gesto inútil pudiera protegerlos a los dos de un mundo que parece dispuesto a destruirlos.
Ella no sabe nada de lo que planeo. Y no debe saberlo. No después de cómo se derrumbó anoche en mis brazos, rota por primera vez desde que estamos juntos.
A las 10:15 ya estoy vestido, con un nudo en el estómago que no se deshace.
Alya sigue dormida, enroscada en la manta, con los dedos apretando el borde como si se aferrara a un pedazo de calma. Me acerco despacio, apoyo un beso en su frente.
—Vuelvo pronto, amore —susurro.
Ella apenas se mueve, pero su respiración se sacude por un segundo, como si alguna parte de ella sintiera que estoy a punto de irme hacia algo peligroso.
Salgo sin hacer ruido.
La puerta se cierra detrás de