[ZAED]
El primer amanecer de regreso en Miami no llega con estruendo. Llega despacio, como si la ciudad supiera que no estamos listos para enfrentarla del todo.
La luz se filtra por los ventanales del penthouse con un tono rosado que suaviza incluso el acero y el vidrio. El mar está quieto, engañosamente calmo, y por un instante —solo uno— podría fingir que nada de lo que dejamos atrás nos persigue.
Alya duerme a mi lado.
Está de costado, recogida, con una mano apoyada sobre su vientre y la otr