[ZAED]
La sala de reuniones no tiene ventanas.
Es un detalle mínimo, casi invisible, pero basta para que todo se sienta más denso, más cerrado, como si el aire hubiera decidido no circular por respeto al poder que se concentra ahí dentro.
Mesa ovalada. Pantallas apagadas. Carpetas alineadas con precisión quirúrgica.
Alya y yo entramos juntos.
No tomados de la mano —no todavía—, pero lo suficientemente cerca como para que nadie pueda dudar de que somos un frente único. Siento su energía a mi lad