Capítulo 47. Como agua en el desierto
Angelo
Noah abre los ojos y, por un instante, siento que el mundo se detiene. El aire se me corta en los pulmones, como si alguien me hubiera golpeado en el pecho. No sé si quiero reír o llorar. Llevo días maldiciendo a todo el mundo, odiando a sus padres, odiando a Lorenzo, odiando incluso a mi propia familia por no entender lo que siento. Y ahora Noah abre los ojos y todo se derrumba dentro de mí.
Me acerco vacilante, con las piernas pesadas, como si caminar hacia él fuera la cosa más difícil