Capítulo 46. Milagro
Angelo
El hospital apesta a desinfectante, a medicamentos y a miedo. Sobre todo miedo. Llevo días aquí y ya no sé si estoy vivo o muerto. Lo único que me mantiene en pie es Noah, tirado en esa cama como si fuera un maldito maniquí roto. No habla, no se mueve, no ríe como siempre lo hace en los peores momentos. Extraño sus jodidas bromas de mal gusto, sus imprudencias, su manera de restarle importancia a todo, como si la vida misma fuera más que un puro chiste. Si no fuese él quien está postrado