Capítulo 25. Infiel
Leonardo
Angelo se levanta del suelo y patea la puerta con frustración, entra a la recámara y vuelve a salir casi de inmediato. Se ha puesto su chamarra de cuero y lleva el casco en una mano, mientras que en la otra tintinean las llaves de la motocicleta.
—¿Adónde vas? —cuestiono, preocupado.
No me gusta para nada verlo así de alterado y pensar que va a conducir esa trampa mortal a la que llama medio de transporte.
—A donde sea —responde de mala gana al pasar por mi lado.
Mi vista se pierde e