Capítulo veintiséis

Después de salir de ahí, fui directo a la farmacia. Mi padre se alegró al verme y no se demoró en irse a casa a los pocos minutos. Mamá tenía razón cuando lo regañaba: sin importar los sueños o las cosas que nos quería ofrecer, trabajar de día hasta tarde no era algo que él debía estar haciendo a su edad. En realidad, uno puede lograr bienes y riquezas, pero de nada vale si no tienes salud para disfrutarlo.

Lo primero que hice fue organizar el mostrador, colocando los productos similares en un
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