Capítulo veintitrés

Salí luego de hacer tres respiraciones profundas. Estuve más calmada después de eso, mi letra no mejoró, pero mi mente descansó un rato. Eso para mí era más que suficiente.

Al finalizar las clases, fui la primera en salir. Vayolet, al verme, se apresuró a mi espalda para seguirme el paso. No sé si se dio cuenta del manicomio que era mi mente, pero no volvió a sacar el tema y me ayudó a distraerme con chistes sin sentido y tips de escritura.

—No siempre escribo tan mal, Vayo.

—Lo sé, pero la mae
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