Eva se despertó y se alistó para ir a platicar con su amiga. El tema que debía tratar no sería fácil, pero debía entender que no podía trabajar al lado de Alejandro Mendoza, se sentía culpable, pero sabía que era mejor hablar con la verdad.
Al salir de su habitación y casi a punto de salir de la mansión, su madre la atrapó.
- Eva, hija, ¿A dónde vas? ¿Acaso no piensas desayunar?
- Madre… ¡Perdón, llevo un poco de prisa!
- Hija… - Dijo Martina, sintiendo cómo le clavaban un cuchillo en el corazón