Eva miraba a su hijo dormido, el pobre se había quedado dormido llorando, tal como todos los días, Augusto esperaba la llamada de su padre, pero esta no llegó.
Hoy, en específico, realmente quería, necesitaba hablar con él, aún tenía el pendiente de convencer a su padre de irse a vivir a Cataluña y, además, quería presumirle sus calificaciones, pero no pudo hacerlo y eso lo había entristecido bastante.
Eva lo observaba y no le gustaba lo que veía, sabía perfectamente bien que Augusto había hecho