Alejandro llegó al café que indicó Serena, esperó en su auto, en su mente cabía la posibilidad de que ella no llegase, de no hacerlo, él tenía planeado ir a visitar al hombre que hoy día era el marido de Serena. Si ella no era capaz de sacarlo de sus dudas, sabía perfectamente bien que Miguel Ayala, si lo haría, quisiera o no.
Serena, por su lado, mientras conducía hacia el café, pensaba precisamente en lo mismo; sabía que, mientras Alejandro no supiese la verdad, era capaz de hacer cualquier locura para obtener lo que venía buscando.
Ella había vivido con él un año y sabía perfectamente las cosas que hacía para conseguir lo que él quería, así que, antes de llegar, ya había tomado la decisión que cambiaría no solo su vida, sino también la de su familia.
Al llegar al café, descendió de su auto, se dirigió dentro del café, mientras Alejandro la veía entrar, ahí el hombre supo que era momento de salir de la maldita duda que lo estaba carcomiendo.
- ¡Serena! -dijo la dueña del lugar al ve