Tan pronto llegó Alejandro a la ciudad de México, fue directo a su apartamento, el cual seguía siendo el mismo que compartió con Eva mientras estuvieron juntos. Aquel lugar seguía tal como ella lo había dejado, no había cambiado nada, todo seguía tal como en aquellos días.
El hombre estaba exhausto, habían sido unos largos, muy largos días, así que tomó un baño y fue a la cama, no sin antes enviar un mensaje al personal que vigilaba a Eva y Augusto, les pidió comprar un móvil y entregárselo a Eva para que pudiera hacer videollamadas a su hijo.
Tan pronto como puso la cabeza en la almohada, su cuerpo y mente sucumbieron ante el cansancio, no así el hecho de que, en sus sueños, podía verse con Augusto, caminando por el acuario, podía ver a Eva sonriéndoles, tal como había sucedido, pero algo interrumpió esa fantástica imagen.
Natalia, la niña que vio en el aeropuerto en Nueva York, esa niña, debía ser sincero, desde que la vio, sabía que ella se parecía mucho a su madre, tenía un poco de